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lunes, 13 de enero de 2014

Un año más sabio...

Hace tiempo, que mi tiempo no me permitía escribir ni tan siquiera unas líneas de feliz año nuevo. Dejamos un año atrás, un 2013 lleno de nuevas experiencias laborales y personales (como siempre unas buenas y otras no tan buenas), pero siempre queda el recuerdo de haberlo vivido y sobre todo el aprendizaje que me ha aportado personalmente, el año ya pasado.

Hace unas semanas, dimos la bienvenida al 2014, y os la doy hoy, desde mi pequeño rincón con una frase que recibí y que quiero compartirla, por lo completo de su mensaje: “Que nunca les falte un sueño por el que luchar, un proyecto que realizar, algo que aprender, un lugar a donde ir, y alguien a quien querer”, ya que si falta algo de esto quiere decir que algo va mal. Estas son las cosas que no pueden faltar y que os deseo, para este año ya presente.

Y en lo referente a la cita anterior, mi proyecto (o proyectos) para este año, va ligado a uno de mis sueños, y todo con un punto de interés común que encierra mucha magia: la música.

Desde hace meses estoy inmerso en un proyecto personal de composición musical con arreglos para banda sinfónica, que espero terminar este año. Algo duro si nunca lo has hecho (como es mi caso) y algo satisfactorio por todo lo que aprendes durante el proceso y sobre todo cuando piensas que va dedicado a alguien especial. Es parecido a un embarazo, durante el trabajo ves como la composición va creciendo como una semilla, la cual a veces lleva muchos meses e incluso años de desarrollo y esfuerzo.  



Me despido con unos versos, extraídos del primer poema de Baile de Máscaras, un libro que me ha ayudado a aprender y a reflexionar durante este 2013. Su autor, el poeta extremeño José Manuel Díez:

Jamás será feliz quien no ha llorado,
quien no ha perdido el mar o acaso un puerto,
quien no ha tocado un cuerpo despidiéndose,
quien no ha saboreado la derrota.

Jamás será feliz quien no ha medido
la luz de su tristeza
en su esperanza.

jueves, 24 de octubre de 2013

¿De verdad ves lo que ves?


“Tengo una visión simple de la vida:
mantener los ojos abiertos y continuar.”
Laurence Olivier
(Director de cine británico)


A simple vista, unos percibirán en esta imagen, dos personas mayores cara a cara, otros observarán con más detenimiento y apreciarán otras cosas como una copa, una mujer soportando en su cabeza una especie de cántaro, un hombre con bigote tocando la guitarra con un sombrero mejicano, una copa, una señorita asomada a una ventana…

En realidad: ¿Cómo son las cosas?, ¿Cómo las percibimos?, ¿Cómo la perciben los demás?,  ¿Existe una única manera de ver las cosas?

Si analizamos la forma con la que observamos el espacio, el objeto, la realidad que nos rodea... entenderemos que juega un papel muy importante la intención con la que se mira, la forma de sentir lo que vemos, la postura que adoptamos ante una situación…, es así como formamos nuestro punto de vista particular, que a cada uno nos caracteriza como persona.

Pero, ¿Crees que tú punto de vista siempre es el correcto? 

En numerosas ocasiones nos encerramos en sí mismo y creemos que lo nuestro es lo mejor, lo correcto, desechando el punto de vista contrario, al considerarlo poco acertado y provocando que caigamos constantemente en el error.

Para crecer como personas, necesitamos valorar y considerar las cosas desde otro punto de vista. Un punto de vista nuevo, diferente, que nos haga ver si estamos en lo cierto o en lo erróneo y pero sobre todo que permita analizar el ¿por qué?. Pues desde nuestro punto de vista, nunca podremos ver el todo, solo apreciaremos una parte internamente es la que consideramos la correcta. Es la parte en la que nos refugiamos y nos cegamos, hasta tal punto de creernos, nuestra propia mentira.

Tenemos que aprender a valorar distintos puntos de vista. En unos casos estaremos en lo cierto, en otros no. Al escuchar otras opiniones, observaremos que unas nos servirán, otras nos ayudarán y otras se las llevará el viento. Lo importante es no caer en la trampa, muchas veces no vemos más allá que nuestra realidad creada, esto incita a errores y a fallos.

      A veces, no miramos a nadie más que a uno mismo, provocando que en muchos casos se pierdan las cosas, incluido el amor...

  

lunes, 30 de septiembre de 2013

Los niños y los borrachos siempre dicen la verdad...

El refranero popular, siempre está presente a lo largo de la vida. En muchos casos llevan razón, en otros quizás no tanto, pero la sabiduría del pueblo, está ahí para ayudarnos a aprender, la lección del día a día.



            Hay un refrán popular que dicta: “Los niños y los borrachos siempre dicen la verdad”.

            Los niños, esas personas imaginativas, libres, que se entregan en cuerpo y alma por hacer de su mundo fantástico, una realidad reflejada en forma de juego. Muchos casos suelen ser muy crueles al decir lo que piensan, sin repudio, aquella “verdad del niño”, de la que tanto se habla. Sobre todo en lo que se refiere a descripciones personales, a asuntos familiares…

Por otro lado están los borrachos, personas que presentan en la mayoría de los casos, cierta  desinhibición causada por el alcohol. Esto provoca que no se tenga demasiado reparo en decir algunas cosas que, de ir sobrio, ni se te pasaría por la cabeza decirlas, es lo que llamamos “la verdad del borracho”.

Pero, ¿Los niños y los borrachos dicen siempre la verdad?

La negación en la respuesta a esta pregunta, es más que evidente. A pesar de que las mentiras, requieren una gran actividad cerebral que en muchos casos un borracho no está en condiciones de llevar a cabo en ese momento, muchas veces, transmite su quimera en su discurso. Un niño al igual, emite mentiras a diversos receptores con el fin de atraer la atención de las personas, para evitar un castigo cuando se les acusa de algo, etc. Los niños y los borrachos también mienten.


Solo me queda una duda, si eran verdad las palabras de te quiero, que ella me dijo aquella noche, cuando llevaba unas copas de más…